miércoles, 9 de noviembre de 2011
Del Debate, del IP, de la progresía y otros sucedáneos
El lunes noche, a las 22:00 y con puntualidad escrupulosa, encendimos la tele en mi piso de estudiantes. Esa antigualla panzuda de culo cuadrado y apellido Thomson, que tantas películas, series y buenos momentos nos ha brindado, nos permitió ser testigos televisivos de esa gran pantomima mediática que se ha dado a conocer como “el Debate”.
Parece que fue ayer cuando un Tablones más jovencito estaba despatarrado en el sofá de su casa, con 17 años, tragándose en familia los debates Rajoy-Zapatero y Pizarro-Solbes. Recuerdo que aquella noche al terminar el paripé quedé algo indiferente, con la sensación de que aquellos dos señores de la corbata me estaban intentando colar un golazo, pero no sabía muy bien por dónde.
Este año el discurso ha sido el mismo pero mi reacción ha sido distinta: me he sorprendido a mí mismo diciéndome que este par de caraduras necesitan algo más que un puñado de estadísticas y su habilidad innata para esquivar temas comprometidos para dársela con queso a este alumno de 4º de DADE. También la compañía ha sido otra: esta vez he visto el debate con mis compañeros de piso. Los tres son de Jaca, gente muy sensata y más majos que las pesetas, pero progres como ellos solos. Podéis imaginaros, entonces, el clima de efervescencia que llegó a apoderarse del chamizo que tenemos por salón durante algunos momentos de la retransmisión.
Precisamente hubo una disputa especialmente acalorada a raíz del famoso Impuesto sobre Grandes Fortunas. Hice verdaderos esfuerzos para refrenarme y no perder los papeles, pero es que me parece increíble cómo cualquier papanatas que sabe de Macroeconomía y Derecho Tributario lo que yo de ganchillo se cree autorizado para estimar la procedencia o improcedencia de un tributo, a partir de lo que ha podido leer en el periódico X o en la cadena de televisión Y. O, mejor dicho, a partir de lo que le ha parecido entender al leer o escuchar sobre un tema completamente desconocido.
Si al abordar un tema específico uno no sabe por dónde le da el aire, lo mejor que puede hacer es cerrar la boca. Más aún cuando abrirla supone erigirse en adalid de la progresía ramplona, berreando argumentos del tipo “lo justo es quitarles dinero a los ricos para dárselo a los pobres”. Es triste que esta juventud iletrada de hoy en día sea así de bidimensional: o rojos o fachas, o pobres o ricos, o progresistas o retrógrados… Es triste, como digo, andar siempre buscando la cara y la cruz de todo, pero sólo así se explican puntos de vista como el que ayer expuso tan ardorosamente mi compañera de piso A.
Supongo que nunca nadie se ha detenido a explicarle a A. que en España ya existe un impuesto que grava la renta, el IRPF; ni que ese impuesto es progresivo, es decir, que aplica un mayor tipo impositivo cuanto mayor es la renta percibida. Así, frente a la exención fiscal para los que perciben ingresos anuales inferiores a 9.000 euros, contrasta el hecho de que Hacienda se queda un 43% de aquellos ingresos anuales superiores a 52.360 euros.
¿No es ya bastante justo que las rentas desiguales se redistribuyan por medio de un impuesto que las grave de forma progresiva? ¡Entonces dejad el patrimonio quieto, joder! A ver si ahora va a resultar que uno tiene el deber de soportar una mayor carga fiscal por haber ahorrado toda su vida en lugar de fundirse la nómina en cubatas, putas y otros bienes de consumo, como por lo visto hace todo el mundo en este país. Así debió de entenderlo el Gobierno cuando suprimió el Impuesto sobre Patrimonio en 2008; el mismo Gobierno que, por otra parte, ahora quiere recuperarlo. Entonces, ¿en qué quedamos?
La verdad es que con tanto vaivén aquí no hay quien se aclare, pero no me pasa desapercibido que este intento de resucitar el IP no deja de ser una argucia política para espolear a los currelas sindicados y a esos jóvenes pseudocomunistas que, de tanto fumar porros, han terminado por creerse su propia película. Una película que habla de una lucha de clases, de los pobres y de los ricos, de los buenos y de los malos. Una película que mantiene entretenidos a esos desgarramantas que sueñan con mejorar su situación sin mover un dedo, a base “quitarles dinero a los ricos para dárselo a los pobres”. A base de jugar a ser Robin Hood.
Pero volvamos al debate. Más allá de mi ideología política, ayer vi a dos hombres grises. Dos líderes de puñal y camarilla, deudores para con el partido que les mantiene políticamente vivos, repitiendo hasta la saciedad las mismas consignas que han ido dando por buenas las propias encuestas electorales.
Si anteayer a las diez de la noche algún extraterrestre pudo sintonizar Antena 3 desde su planeta con una megaantena capaz de captar frecuencias intergalácticas, probablemente creería que estaban emitiendo una comedia. El pobre marcianito echaría de menos las risas enlatadas en algunos puntos de las intervenciones, no digo que no, pero se descojonaría cosa mala al ver a Rajoy y al cararoedor increpándose mutuamente el haber destrozado el país en las legislaturas precedentes y recriminando al otro su despreocupación por los ciudadanos. Que si el uno quitó el “cheque-bebé”, que si el otro tuvo la culpa de la crisis del ladrillo, que si a éste no le importa la educación pública, que si aquél es el terror de las PYMEs… Demagogia de la buena, sin adulterar.
Ni de la democracia, ni de la LOREG, ni de la corrupción ni de la Administración. De ninguno de esos temas se hizo mención, salvo una somera alusión a la supresión de las Diputaciones Provinciales por parte de Rubalcabra. Se diría que tenían pactado de antemano no tratar ninguno de esos temas, como apuntaba un profesor mío ayer, pues a ninguno de los dos les interesaba airear las no pocas canalladas que uno y otro partido tienen en común. Y es que a día de hoy, sinceramente, no veo que la diferencia de facto entre los dos grandes partidos sea tanta: se limita a cuatro aspectos superficiales, casi de puro ornato, y a la elección del tema insustancial sobre el que dictar un par de Leyes capaces de traer polémica y focalizar la ira ciudadana en una banalidad que nada tenga que ver con los constantes fracasos económicos.
Muy señores míos, ¿cómo pueden tener el descaro de dirigirse a los doce millones de españoles que vimos el debate como si fuéramos gilipollas? Vayan a reírse de su familia y cuéntenles a ellos que el candidato rival miente como un bellaco y que tienen serias sospechas de que fue él quien mató a Kennedy, que a mí me la trae floja. Mientras analfabetos de la talla de Pepiño Blanco sigan siendo los responsables de administrar presupuestos de más de 20.000 millones de euros como el del Ministerio de Fomento -y encima cobren un sueldo anual de seis cifras por ello-, nada de lo que ustedes puedan contarme va a parecerme mínimamente serio.
Hace tres semanas vino la candidata al Congreso por UPyD Rosa Díez a impartir una conferencia en mi Facultad, y puedo decir que ese día tuve la oportunidad de escuchar a alguien que poco tiene que ver con los dos elementos que anteayer se medían en desfachatez ante los ojos de sus potenciales votantes. Aquel día vi ante mí a una líder nata, carismática, sonriente, capaz de aportar ideas, enérgica en el discurso… Pero, sobre todo, me pareció ver a una auténtica demócrata. He de decir, eso sí, que no me gustó el detalle de que la buena mujer, en lo que supuestamente pretendía ser una charla sobre la reforma de la democracia, no tardara ni diez minutos en mencionar la palabra voto y proponer a UPyD como “la alternativa”.
En fin, a un mes vista de las urnas todos los asistentes sabíamos lo que podíamos esperar del discurso de Rosa y lo que no. Pero debo reconocer que yo soy el primer estudiante de Derecho disgustado con la ley electoral vigente y con la democracia de chichinabo en la que vivimos. No puedo dejar de pensar que, de remover las restricciones impuestas por la circunscripción provincial y el leonino Sistema D’Hondt, España entera podría haber presenciado una mesa redonda entre tres candidatos en lugar del grotesco cara a cara que vimos el lunes. Me desazona sobremanera saber que todo lo que no sea votar a uno de esos dos somardas el día 20 equivaldrá en la práctica a tirar mi voto a la papelera, pero es lo que tiene habitar una humilde provincia de tres escaños. Hay que joderse.
Mi jornada de clase de nueve horas comenzó ayer por la mañana con la siguiente frase que nos dirigió José Bermejo, Catedrático de Derecho Administrativo:
“lo que pasó ayer de diez a doce tuvo escasa relevancia para el Derecho Administrativo, muy poca para la política y ninguna para la Democracia”.
P.D.: reto desde aquí al sr. Neri, renombrado experto en corbatología, a que me explique por qué D. Alfredo llevaba -al igual que D. Mariano- una corbata azul y no una de tonos más rogelios, haciendo aprecio al color y emblema de su partido. Es un detalle que me llamó la atención.
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sábado, 8 de octubre de 2011
¡No somos Bolonia!
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| Facultad de CC. EE. y Empresariales de Zaragoza. |
Como el tema de discusión me parece de la más inmediata actualidad y susceptible de debate, os reproduzco únicamente mi respuesta al comentario de mi compañero, ya que éste no ha consentido que yo publique su opinión, aun anónima.
Os invito, especialmente a los que estudiáis o habéis estudiado una carrera, a que aportéis vuestro punto de vista acerca de cómo han evolucionado en el tiempo (máxime en estos últimos años, con la progresiva implantación del proceso de Bolonia) la docencia dentro y fuera del aula y los sistemas de evaluación.
Mi respuesta
Señor L.:
Su comentario podría estructurarse en tres partes bien definidas: el QUÉ, el POR QUÉ y el CÓMO enseñar en las Facultades de Economía. Pues bien, sepa que como mucho puedo estar de acuerdo con su forma de entender las dos primeras, porque su visión del CÓMO es diametralmente opuesta a la que yo tengo.
1. En primer lugar, comienza usted vinculando la idea de “clase magistral” a la “mera memorización de folios o tipos de problemas”. En lo que llevo andado como DADE todavía no he conocido un solo profesor (salvando los de Derecho de la Protección Social, que son ajenos a la Facultad de CC. EE.) que plantee sus clases como una invitación al alumno a memorizar información para después “ vomitarla” sobre el folio del examen... Vamos, que estoy empezando a dudar si no lleva usted confundiéndose de aula durante los tres últimos años, porque las clases a las que ha asistido poco se parecen a las mías.
Además, hasta donde yo sé, las técnicas de asimilación de conocimientos -y entre ellas la memorización- son cosa del CÓMO ESTUDIAR y no del cómo enseñar, luego el culpable de tener la cabeza llena de fórmulas a palo seco y definiciones estériles es el alumno y no el profesor. En cualquier caso, las únicas aulas en las que se prepondera la memorización sobre el aprendizaje (y hasta tienen aire acondicionado) son las de las “balsámicas e infalibles” academias para las que usted y otros muchos sólo tienen elogios. De eso puede estar seguro.
Para mí “clase magistral” significa que un señor que es una eminencia en su área o disciplina es el encargado de dirigir la clase e intentar empapar de conocimientos a sus alumnos. Esto no se traduce necesariamente en un monólogo-coñazo de un Catedrático de la vieja guardia con voz cascada y monótona y caramelos Mentolín, ni mucho menos: una clase magistral puede estar plagada de ejemplos ilustrativos y experiencias curiosas que le hayan podido acontecer al profesor a lo largo de su vida profesional.
Ya que tenemos la suerte de que muchos docentes de la Facultad desempeñan paralelamente empleos como auditores, Consejeros de alguna sociedad, puestos de responsabilidad en entidades de crédito, etc, ¿qué menos que aprovechar para aprender de su experiencia como profesionales reputados en su sector? Que a veces parece que cuando el profesor se desvía de lo que pone en el libro es porque “ya está divagando”, recreándose en su “clase magistral”, y está justificado desconectar. Pues no, oiga.
2. Continúa usted proponiendo que se valore “el trabajo diario desempeñado por el estudiante, fomentando el trabajo continuo mediante la realización de distintas cuestiones...”, argumentando que cuando el examen es el único medio de calificación el estudiante acaba por dar el callo sólo la semana de antes. ¡Hombre, Capitán Bolonia! No se enfade, pero creo que ya somos todos mayorcitos para que nos tengan que acompañar de la mano durante el trayecto septiembre-febrero.
A lo mejor a mí me apetece profundizar en el estudio de determinadas asignaturas que de verdad me gustan y que tienen mucho o todo que ver con mi vocación profesional, y sin embargo no me da el tiempo porque éste o aquel profesor de otra asignatura que no me apasiona tanto me está bombardeando semana tras semana a base de prácticas, supuestos y demás disparates.
Durante los primeros compases del curso este asedio a golpe de trabajos se hace más o menos llevadero. El problema viene cuando se acerca el mes de exámenes y el alumno tiene no a uno ni dos, sino a siete profesores por cuatrimestre que están constantemente sermoneándole y diciéndole lo que tiene que hacer y para cuándo lo tiene que hacer. En el momento en que estudiar deja de ser una opción para convertirse en una obligación, se está poniendo al universitario al mismo nivel que un arrapiezo de 2º de ESO. En este sentido, me parece legítimo que una persona de 21 años considere ese excesivo “encimamiento” como un insulto a su inteligencia, a su madurez y a su capacidad de autodeterminación.
Hablando en plata, cuando a uno le dan tanto la tabarra no es de extrañar que acabe viendo cada asignatura como un suplicio y a cada profesor como a un filántropo enamorado de su asignatura o, simplemente, como a un pesado.
Si algo he aprendido en esta Facultad es que la economía es una ciencia social que estudia el comportamiento de unos agentes racionales que cuentan con unos recursos limitados para satisfacer unas necesidades ilimitadas. Pues bien, en el caso de los estudiantes nuestro recurso más preciado y limitado es el tiempo, más aún para los que somos de fuera y (sobre)vivimos en un piso de estudiantes. Pero eso a los profesores les trae sin cuidado porque si bien es cierto que ellos nos crean esas necesidades ilimitadas, lo hacen siempre con la loable intención de que salgamos muy bien preparados y algún día podamos llegar a ser unos galácticos de la Macroeconomía, Contabilidad, Estadística o lo que quiera que a ellos les dé de comer.
3. Finaliza usted apostando por “reducir los grupos de trabajo”, aduciendo que “la masificación en un aula impide a los docentes desarrollar nuevos modelos de enseñanza colaborativa, teniendo que recurrir a modelos antiguos de evaluación”.
Para empezar, y por no perder el hilo de la definición de economía que acabo de reproducir, le diré que en el caso de la Universidad pública el recurso limitado es el dinero, y con más motivo en esta coyuntura de crisis. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que no están los tiempos como para permitirse desdobles de grupos con un profesor para cada veinte alumnos. Y si hubiera fondos para ello, antes vería más lógico que los asignaran a la instalación de aparatos de aire acondicionado en las aulas, que hay días en mayo o septiembre en los que casi estaríamos más fresquitos si diéramos la lección en unos baños turcos. ¿Y qué me dice de poner unas mesas en condiciones como las de las aulas M1 – M4 o las de la Facultad de Derecho? Es imposible que a alguien puedan resultarle cómodas esas “sillamesas” con solapas abatibles en las que a duras penas cabe un DIN A4.
Por otra parte, me hace gracia la despreocupación y el desconocimiento supino desde los que usted desacredita los “modelos antiguos de evaluación”, como si antiguo fuera sinónimo de malo. ¿Acaso la educación que recibieron nuestros enseñantes o nuestros padres fue de peor calidad? Si de verdad lo cree así, le invito a que especifique en qué aspectos (y no vale decir que lo antiguo es peor “porque es antiguo”, que ese argumento ya se lo he leído y no me convence).
Por último, habla usted del absentismo como si de algo negativo se tratara. Yo, en cambio, lo veo todo ventajas: ¿qué necesidad hay de atraer al aula mediante partes de asistencia y actividades “ obligatorias” a las personas que no tienen ningún interés en ir? El que asiste a clase lo hace porque de verdad le interesa la asignatura y al que sistemáticamente no pisa el aula en todo el año yo le diría, sencillamente, que se plantee si esto es lo que le gusta y si no se ha equivocado de carrera.
Lo que ocurre al llenar el aula de gente que en condiciones normales no iría es que estas personas van a encontrarse a disgusto, aburridas y terminarán invariablemente por matar el rato hablando entre sí. Al final lo único que se consigue es que el profesor tenga que estar continuamente interrumpiendo la explicación para poner orden, ralentizando el normal desarrollo de la clase.
A raíz de este tema, me entristece comprobar la pérdida de autoridad de los profesores de Universidad, que en este aspecto parecen haber seguido los pasos de sus colegas, también maestros, de Secundaria y Bachillerato. Antes, ante la más mínima impertinencia, el profesor tenía entera libertad para dirigirse al alborotador comprobado y despacharlo del aula sin miramientos con un “¡tú, fuera!” Pero, claro, como eso se hacía antiguamente no puede ser cosa buena, ¿verdad?
En fin, lo que no atino a entender es ¿por qué a nosotros? Somos la promoción 2008-2014 y que yo sepa las víctimas de Bolonia, que son a quienes en teoría afecta por Ley todo este atropello, todavía nos quedan dos promociones por debajo. Así que, por favor, señor L. y señores de Unizar, SI NO SOMOS BOLONIA DEJEN DE TRATARNOS COMO SI LO FUÉRAMOS.
Afectuosamente,
El chico de los tablones.
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domingo, 2 de octubre de 2011
Cluers: cambia tu mundo
“El que vale, vale, y que que no, pa’ DADE”. Cuántas veces me habrán martirizado con la frasecita de las narices desde que empecé este suplicio que llamo carrera… Vale, es verdad que mucha gente entra aquí por puro descarte de otros palos, por falta de interés por el resto de campos del saber o, simplemente, por el prestigio que supone estudiar una carrera para la que piden una nota de entrada alta.
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| Víctor Manrique, artífice de Cluers. |
Pero a lo largo de estos años como estudiante de la doble también he descubierto que comparto aula con algunas personas con las ideas muy claras, con proyectos de vida bien definidos y que ponen una gran ilusión en todo lo que hacen. Una de esas personas es Víctor Manrique, compañero de clase y creador de Cluers, un ambicioso proyecto web que apenas lleva unas semanas en funcionamiento y que atrajo mi atención nada más supe de su existencia. “Tengo que escribir sobre esto en el blog”, fue lo primero que pensé.
A tal efecto, el pasado viernes me propuse quedar con Víctor para tomar un café y que me contara todo acerca de Cluers. Pensaba elaborar una lista de preguntas en plan entrevista formal pero terminé por desechar la idea. “¿De qué vas, Tablones? ¡Si tú no has entrevistado a nadie en tu vida!”, me reproché. Así que, finalmente, me limité a formular una única pregunta y conforme fue avanzando la charla en un ambiente distendido el resto salieron solas:
A tal efecto, el pasado viernes me propuse quedar con Víctor para tomar un café y que me contara todo acerca de Cluers. Pensaba elaborar una lista de preguntas en plan entrevista formal pero terminé por desechar la idea. “¿De qué vas, Tablones? ¡Si tú no has entrevistado a nadie en tu vida!”, me reproché. Así que, finalmente, me limité a formular una única pregunta y conforme fue avanzando la charla en un ambiente distendido el resto salieron solas:
¿Qué es Cluers?
Cluers es un concepto de página web completamente innovador en el sentido de que permite a los usuarios registrados coordinarse entre sí para llevar a cabo logros -en términos de calidad de vida- que de forma individual sería imposible. Para ello, Cluers permite un acercamiento entre el consumidor de un bien (o usuario de un servicio) y las empresas. Por catalogarlo de alguna forma, podríamos definir Cluers como una equilibrada mezcla entre asociación de consumidores y red social.
Nada más levantarnos, nos servimos un vaso de zumo y no podemos evitar que se derramen unas gotas debido a que nuestra marca de confianza no dispone de envase antigoteo; después nos duchamos y pensamos que no estaría mal que nuestro champú de toda la vida fuera 2en1 y eso que nos ahorrábamos en suavizante. Al salir de la ducha nos afeitamos y nos pegamos un buen tajo en el mentón porque nuestra cuchilla desechable de siempre ahora la fabrican con tres hojas en lugar de sólo dos. Una vez vestidos, desayunados y arreglados, nos disponemos a desplazarnos al trabajo o a la Facultad usando un transporte público saturado y que no pasa con tanta frecuencia como debería en horas puntas.
Tan apenas ha empezado el día y ya hemos sufrido unos cuantos tropiezos sin importancia pero que nos gustaría cambiar. ¡Imaginaos cuántos pueden ocurrir durante una jornada completa!
¿Cómo puede ayudarnos Cluers a cambiar nuestro día a día?
A través de una herramienta básica a disposición de todos los usuarios, que es la publicación de clues (así es como se llaman los comentarios públicos). Cada clue en particular tiene como destinatario la empresa, marca o administración pública de que se trate: “dirigido a…” Don Simón, Gillette, H&S, TUZSA, Ayuntamiento de Zaragoza, etc.
Cuando otros usuarios leen un clue y están de acuerdo con su contenido, pueden darle su voto favorable. Una vez se ha reunido un número de votos significativo para el caso de que se trate, la idea, sugerencia o crítica cuenta con el respaldo suficiente para ser elevada a la empresa por parte de los administradores de Cluers.
A título ilustrativo, transcribiré algunos de los clues que he ido leyendo en la página y que me han parecido interesantes. El primero de ellos está publicado por Cluencio:
“Creo que no deberían dejar subir bicis al Tranvía de Zaragoza porque ocupan mucho espacio y ya hay suficientes carriles para que puedan circular los ciclistas.
Pero lo que más me preocupa es que las bicicletas tengan preferencia sobre los ciudadanos. De hecho cuando se sube una bici se tienen que levantar unas tres personas de los asientos plegables para dejar sitio.
Me gustaría que se cambiase ese aspecto. Gracias.”
Otro ejemplo de clue útil sería el publicado por Patricia bajo el título “Más autobuses Ci1 y Ci2 en Zaragoza”:
“Se trata de un recorrido largo, que incluye la Estación Delicias (parada importante) y circula con muy poca frecuencia. En la parada de Camino las Torres 116, donde circula también el 24, han llegado a pasar 4-5 autobuses 24, y 1 del C1 en tan solo 15 minutos.”
El publicado por Sonia:
“Me gustaría que en la tienda k-tuin se pudiera navegar por internet, y probar todas las novedades de mac libremente sin que te moleste ningún dependiente. Al estilo de los apple store de los EE.UU., para poder probar todas las opciones.”
O el publicado por el propio Víctor:
“Los fluorescentes y material en general de la marca Stabilo Boss, suelen funcionar muy bien, y tienen la ventaja de que son recargables, pero es dificil saber que hacer para recargarlos, así que al final te ves obligado a comprar uno nuevo, creo que sería buena idea que hubiese mas información a este respecto en su web o en el mismo material, ganarían muchos clientes nuevos y mantendrian otros ya existentes.”
“En definitiva, la idea que queremos transmitir es que la misión de Cluers no es cambiar el mundo, al menos no de forma directa. Cluers ayuda al usuario a cambiar SU mundo”, afirma Víctor.
¿Por qué Cluers?
Víctor es un entusiasta del marketing y la empresa y según me comentó, ya ha leído cerca de veinte libros sobre la materia desde que empezamos la carrera. El porqué de la denominación “Cluers” se encuentra en The cluetrain manifiesto, un libro que cayó en manos de Víctor el año pasado y que auguraba, desde la óptica del año 2000 y a diez años vista, un papel decisivo de Internet en las relaciones empresa-consumidor en un mercado globalizado con nuevas conexiones.
Tras leerlo, Víctor se sorprendió al comprobar que con el paso del tiempo no se habían cumplido los pronósticos de los autores y decidió llevarlos el mismo a la práctica, articulando su primer arquetipo en torno a dos conceptos clave:
¿Qué necesita Cluers para despegar?
Básicamente, gente. “Cada persona individualmente considerada es perezosa, parada, no tiene incentivos al cambio y por eso no le importa seguir como está”, se lamenta Víctor. El equipo de la agencia de publicidad Comunica-t, que ha sido la encargada de llevar sus bocetos del papel a la red, enseguida mostró interés por Cluers, al que definió como “un Ferrari con poca aceleración”. Sin duda se trata de una idea fresca, inédita, pero lo verdaderamente complicado es “arrancar”, conseguir esos varios miles de cluers que permitan a los administradores de la web estar en situación de negociar con las empresas.
En efecto, en un mundo en el que son un puñado de esnobs gregarios y engreídos los que deciden lo que mola y lo que no, parece quimérico pensar que medio millón de personas pueda llegar a hacerse eco de un sitio web como el de Víctor, por muy bueno que sea. Pero estoy convencido de que una vez superada esta barrera, para una idea del potencial de Cluers el resto sería coser y cantar.
Por otra parte, parece indiscutible que con Cluers no sólo salen ganando los consumidores y usuarios. También las empresas salen beneficiadas al poder acceder con inmediatez a las preferencias, gustos y críticas sobre sus productos y consecuentemente amoldar su producción a la cantidad, calidad y gama que los usuarios demandan. Esto ahorraría a las compañías el tener que dotar recursos humanos y materiales para la realización de sondeos, farragosas encuestas y costosos estudios de mercado.
Adelantándose a los acontecimientos, Víctor anticipa que en un futuro cada empresa podría tener su propio dominio en Cluers (por ejemplo, http://danone.cluers.com), desde el cual poder acceder a una base de datos con toda una serie de estadísticas tanto públicas como privadas e interactuar con los clientes con eficacia e inmediatez. De esta forma, si Danone desease estudiar el grado de aceptación por parte de los consumidores de un yogur nuevo que ha lanzado al mercado, podría serle de gran utilidad observar los votos y opiniones de los cluers, en la medida en que éstos sean suficientes en número para conformar una muestra representativa de la realidad.
Desde UPMS os invito a que probéis Cluers, al mismo tiempo que me solidarizo con el ilusionante proyecto de Víctor Manrique, a quien deseo mucha suerte, no sólo como recompensa a su dedicación y a su espíritu emprendedor, sino también porque resulta esperanzador saber que existen empresas comprometidas con el ciudadano y con el bienestar social.
Puede que cambiar el mundo no esté en nuestras manos, pero sí que podemos empezar por cambiar nuestro mundo particular y ayudar a otras personas a que cambien el suyo. Podemos empezar por marcar el camino, por dar la pista.
Yo ya soy cluer, ¿y vosotros?
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| Logo de Cluers. |
A lo largo de un día cualquiera, se nos presenta una miríada de pequeños detalles que nos gustaría cambiar pero que no podemos, o al menos no fácilmente, por depender ese cambio muchas veces de las decisiones de grandes empresas o de administraciones públicas.
Nada más levantarnos, nos servimos un vaso de zumo y no podemos evitar que se derramen unas gotas debido a que nuestra marca de confianza no dispone de envase antigoteo; después nos duchamos y pensamos que no estaría mal que nuestro champú de toda la vida fuera 2en1 y eso que nos ahorrábamos en suavizante. Al salir de la ducha nos afeitamos y nos pegamos un buen tajo en el mentón porque nuestra cuchilla desechable de siempre ahora la fabrican con tres hojas en lugar de sólo dos. Una vez vestidos, desayunados y arreglados, nos disponemos a desplazarnos al trabajo o a la Facultad usando un transporte público saturado y que no pasa con tanta frecuencia como debería en horas puntas.
Tan apenas ha empezado el día y ya hemos sufrido unos cuantos tropiezos sin importancia pero que nos gustaría cambiar. ¡Imaginaos cuántos pueden ocurrir durante una jornada completa!
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| Diseño base de la página. |
A través de una herramienta básica a disposición de todos los usuarios, que es la publicación de clues (así es como se llaman los comentarios públicos). Cada clue en particular tiene como destinatario la empresa, marca o administración pública de que se trate: “dirigido a…” Don Simón, Gillette, H&S, TUZSA, Ayuntamiento de Zaragoza, etc.
Cuando otros usuarios leen un clue y están de acuerdo con su contenido, pueden darle su voto favorable. Una vez se ha reunido un número de votos significativo para el caso de que se trate, la idea, sugerencia o crítica cuenta con el respaldo suficiente para ser elevada a la empresa por parte de los administradores de Cluers.
A título ilustrativo, transcribiré algunos de los clues que he ido leyendo en la página y que me han parecido interesantes. El primero de ellos está publicado por Cluencio:
“Creo que no deberían dejar subir bicis al Tranvía de Zaragoza porque ocupan mucho espacio y ya hay suficientes carriles para que puedan circular los ciclistas.
Pero lo que más me preocupa es que las bicicletas tengan preferencia sobre los ciudadanos. De hecho cuando se sube una bici se tienen que levantar unas tres personas de los asientos plegables para dejar sitio.
Me gustaría que se cambiase ese aspecto. Gracias.”
Otro ejemplo de clue útil sería el publicado por Patricia bajo el título “Más autobuses Ci1 y Ci2 en Zaragoza”:
“Se trata de un recorrido largo, que incluye la Estación Delicias (parada importante) y circula con muy poca frecuencia. En la parada de Camino las Torres 116, donde circula también el 24, han llegado a pasar 4-5 autobuses 24, y 1 del C1 en tan solo 15 minutos.”
El publicado por Sonia:
“Me gustaría que en la tienda k-tuin se pudiera navegar por internet, y probar todas las novedades de mac libremente sin que te moleste ningún dependiente. Al estilo de los apple store de los EE.UU., para poder probar todas las opciones.”
O el publicado por el propio Víctor:
“Los fluorescentes y material en general de la marca Stabilo Boss, suelen funcionar muy bien, y tienen la ventaja de que son recargables, pero es dificil saber que hacer para recargarlos, así que al final te ves obligado a comprar uno nuevo, creo que sería buena idea que hubiese mas información a este respecto en su web o en el mismo material, ganarían muchos clientes nuevos y mantendrian otros ya existentes.”
“En definitiva, la idea que queremos transmitir es que la misión de Cluers no es cambiar el mundo, al menos no de forma directa. Cluers ayuda al usuario a cambiar SU mundo”, afirma Víctor.
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| Interfaz gráfica de Cluers. |
Víctor es un entusiasta del marketing y la empresa y según me comentó, ya ha leído cerca de veinte libros sobre la materia desde que empezamos la carrera. El porqué de la denominación “Cluers” se encuentra en The cluetrain manifiesto, un libro que cayó en manos de Víctor el año pasado y que auguraba, desde la óptica del año 2000 y a diez años vista, un papel decisivo de Internet en las relaciones empresa-consumidor en un mercado globalizado con nuevas conexiones.
Tras leerlo, Víctor se sorprendió al comprobar que con el paso del tiempo no se habían cumplido los pronósticos de los autores y decidió llevarlos el mismo a la práctica, articulando su primer arquetipo en torno a dos conceptos clave:
- Clue = la pista, el camino a seguir (por la empresa).
- Cluer = el que da la pista, el que marca el camino (el consumidor o usuario).
¿Qué necesita Cluers para despegar?
Básicamente, gente. “Cada persona individualmente considerada es perezosa, parada, no tiene incentivos al cambio y por eso no le importa seguir como está”, se lamenta Víctor. El equipo de la agencia de publicidad Comunica-t, que ha sido la encargada de llevar sus bocetos del papel a la red, enseguida mostró interés por Cluers, al que definió como “un Ferrari con poca aceleración”. Sin duda se trata de una idea fresca, inédita, pero lo verdaderamente complicado es “arrancar”, conseguir esos varios miles de cluers que permitan a los administradores de la web estar en situación de negociar con las empresas.
En efecto, en un mundo en el que son un puñado de esnobs gregarios y engreídos los que deciden lo que mola y lo que no, parece quimérico pensar que medio millón de personas pueda llegar a hacerse eco de un sitio web como el de Víctor, por muy bueno que sea. Pero estoy convencido de que una vez superada esta barrera, para una idea del potencial de Cluers el resto sería coser y cantar.
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| Uno de los bocetos originales de Víctor. |
Adelantándose a los acontecimientos, Víctor anticipa que en un futuro cada empresa podría tener su propio dominio en Cluers (por ejemplo, http://danone.cluers.com), desde el cual poder acceder a una base de datos con toda una serie de estadísticas tanto públicas como privadas e interactuar con los clientes con eficacia e inmediatez. De esta forma, si Danone desease estudiar el grado de aceptación por parte de los consumidores de un yogur nuevo que ha lanzado al mercado, podría serle de gran utilidad observar los votos y opiniones de los cluers, en la medida en que éstos sean suficientes en número para conformar una muestra representativa de la realidad.
Desde UPMS os invito a que probéis Cluers, al mismo tiempo que me solidarizo con el ilusionante proyecto de Víctor Manrique, a quien deseo mucha suerte, no sólo como recompensa a su dedicación y a su espíritu emprendedor, sino también porque resulta esperanzador saber que existen empresas comprometidas con el ciudadano y con el bienestar social.
Puede que cambiar el mundo no esté en nuestras manos, pero sí que podemos empezar por cambiar nuestro mundo particular y ayudar a otras personas a que cambien el suyo. Podemos empezar por marcar el camino, por dar la pista.
Yo ya soy cluer, ¿y vosotros?
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domingo, 18 de septiembre de 2011
La canción del domingo (IV)
En días como hoy me gustaría poder dormirme y no despertar hasta dentro de diez o doce años. Me muero de sed pero me faltan fuerzas para levantarme e ir a la cocina a por un vaso de agua. Lo único que me apetece es seguir tumbado donde estoy, sin mover ni un músculo. Solo. Haciendo de la espera una tortura. Preguntándome en qué preciso momento la felicidad de otra persona pasó a importarme más que la mía propia.
In your house I long to be
Room by room, patiently
I'll wait for you there
Like a stone
I'll wait for you there
Alone
viernes, 16 de septiembre de 2011
El sabor del éxito
| Yo, el día de la cena de fin de Bachillerato. |
Yo iba para ingeniero industrial (desde los doce años estaba empeñado en seguir los pasos de mi tío, probablemente la persona a la que más admiro en lo que a vida profesional se refiere), pero después de los palos que me llevaba en las matemáticas del Bachillerato de Ciencias acabé curado de espanto y pensé que, después de todo, quizá lo mío fueran las letras y no los números. Total, que acabé por desechar mi sueño infantil de diseñar mi propio parque eólico y empecé a preguntarme seriamente cuáles eran las asignaturas o materias que de verdad se me daban bien.
Lengua, Historia, Filosofía, Idiomas… Eran áreas para las que yo siempre había tenido facilidad, pero no bastaba con eso. Si algo tenía claro era que aquello a lo que fuera a dedicarme durante treinta y muchos años de cotización a la Seguridad Social también tenía que gustarme, además de, claro está, tener salidas en el mercado laboral.
La respuesta a mi búsqueda no tardó en llegar: la Economía. En mi decisión influyó mucho el hecho de que la profesora que impartía Economía en el centro donde estudié el Bachillerato fuera una señora encantadora que, además de promover nuestro interés por la materia, a los del grupo de optativa de ciencias, por ser cuatro gatos, nos trataba casi como a sus hijos. Hasta nos dejaba organizar un pequeño ágape el último día de cada trimestre. El caso es que yo iba a las clases de Economía poco menos que dando saltos de contento y ávido de nuevos conocimientos, así que ya a finales de Primero de Bachillerato empecé a plantearme que tal vez ADE fuera lo mío.
Fue más adelante, hablando con una prima mía, cuando me enteré de que existía desde hacía no mucho un programa conjunto que permitía obtener las licenciaturas en Derecho y en ADE en sólo seis años. Cuando les comenté la idea a mis padres, no dudaron en animarme a que me metiera en este berenjenal argumentando que “si Derecho a secas ya son cinco años, por un añito de esfuerzo adicional puedes sacar las dos cosas”.
Así que cuando llegó el momento de echar solicitud para la Universidad de Zaragoza, presenté el siguiente orden de preferencias:
1. Programa conjunto en Derecho y ADE.
2. ADE.
3. Derecho.
La nota media de corte se situó finalmente en torno al 7’6, de modo que pude obtener plaza para mi primera opción.
Casi sin enterarme, el verano más largo y feliz de mi vida tocó a su fin, dando paso a los rigores de septiembre. De repente me vi en una ciudad nueva y desconocida, ante unos compañeros de clase nuevos y desarrollando ese instinto de supervivencia tan necesario en un piso de estudiantes. Empezaron las clases y con ellas llegaron un montón de conceptos técnicos desconocidos para mí: llegó el álgebra líneal, acompañando a las ecuaciones diferenciales; llegaron el debe y el haber; se presentaron Kelsen y Ihering, las fuentes del Derecho y la Constitución, con sus partes dogmática y orgánica; también vinieron Adam Smith, la oferta y la demanda, el sistema de mercado y el de planificación central…
Pillándome un poco por sorpresa, llegaron los exámenes. Llegó el primer aprobado (en Romano) y también el primer suspenso (en Matemáticas, cómo no).
Todo llegaba. Conforme pasaba el tiempo, los distintos acontecimientos de la vida estudiantil se sucedían y, poco a poco, yo iba tomando conciencia de que, por primera vez en mi vida académica, estaba rodeado de una nutrida mayoría de personas inteligentes e inusitadamente competentes. La cosa no era tan fácil como prometía y encima la gente de mi entorno, acostumbrada a nombres cortos y contundentes como “Medicina”, “Arquitectura”, “Magisterio” o “Aeronáutica”, no tenía ni pajolera de qué era lo que yo estaba estudiando. Es más, ni siquiera yo mismo lo tenía muy claro.
Me vienen a la cabeza las inevitables conversaciones de ascensor con la vecina de abajo que todavía hoy tienen lugar, en mis idas y venidas de Huesca a la capital aragonesa con la maleta a cuestas.
- ¿Y qué vienes, pues, de Zaragoza?
- Sí, que como en casa a uno no le cuidan en ningún sitio -confirmo entre risas.
- ¿Y qué tal van los estudios?
- Pues ahí andamos… Ya no queda mucho para los exámenes.
- Porque… ¿Tú estudiabas Derecho, puede ser?
- Bueno, en realidad estudio DADE –preciso, henchido de orgullo.
- ¿DADE? ¿Y eso qué es? ¿Un módulo de ésos que hay ahora?
- No, es Derecho y ADE –replico mientras veo cómo mi autoestima se desinfla como un neumático reventado.
- O sea, Derecho, ¿no? Eso me parecía a mí.
- Bueno, sí, y también ADE.
- ¡Anda! ¡Míralo el zagal qué aplicado! Que además de Derecho hace un módulo –insiste la señora, seguramente con toda su buena intención.
- No, vamos a ver, yo no hago ningún módulo –me apresuro a aclarar haciendo acopio de mi infinita paciencia-. Estoy cursando dos licenciaturas.
- ¿Derecho y…?
- Derecho y ADE.
- ¿Y entonces eso de ADE qué es?
Como en Huesca yo vivo en el último piso del bloque, normalmente a estas alturas de la conversación se abren las puertas del ascensor, mi vecina se apea del mismo y cada uno sigue su camino, yo rumiando sobre lo infravalorados que están mis estudios y ella en la convicción de que el hijo mayor de los del cuarto compagina Derecho con un grado superior en chapa y soldadura.
En lo que dura un pestañeo, terminó Primero de carrera. Este primer escalón me sirvió para descubrir que me había metido en un fregado de mucho cuidado y que aprobar todo en junio estaba únicamente al alcance de unos pocos afortunados. En ese aspecto, Segundo fue peor si cabe, con las incomprensibles Estadísticas, el árido Derecho de Obligaciones y Contratos, el Penal y las puñeteras Micros.
Pero Segundo pasó y, para cuando me quise dar cuenta, ya había empezado Tercero, que venía de la mano con las enrevesadas Macros, la minuciosa Contabilidad Financiera, el soporífero Administrativo, más Civil y Penal, la esotérica OGI…
Por suerte, hoy puedo decir que tercero ya es cosa del pasado. He aprobado las dos asignaturas que suspendí en junio y puedo estar satisfecho de que voy a empezar Cuarto con el contador a cero y sin presión. Pienso disfrutar de estos tres años que me quedan por delante todo lo que no lo he hecho durante los otros tres que dejo atrás. Además, he aprobado la prueba teórica del examen de conducir y por fin me he decidido a comprar el primer volumen del temario de la oposición, no sin antes prometerme a mí mismo que voy a dedicarle un pequeño rato todos los días.
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| El Tablones actual, tomando un copazo. |
Fiel a mi combinado estrella, le pregunté al barman por las ginebras que tenían.
- Tenemos Beefeater, Larios, Gordon's, Tanqueray, Bombay, Bombay Shappire…
- Hoy tengo algo que celebrar, quiero algo especial –atajé.
- En ese caso tenemos Hendrick's, Citadelle, Bulldog…
- Que sea Citadelle con tónica india, por favor.
Balón reglamentario, jugo de cítricos natural y frutos de enebro. Diez euros de mi alma me costó la gracia, pero mereció la pena porque el sabor de ese gin tonic me recordó un poco al de aquel tercio de Pilsner Urquell que tomamos una noche de febrero en el bar de enfrente del hotel, nada más aterrizar en Praga en nuestro periplo post exámenes. Sabía a triunfo y a recompensa. Sabía a libertad.
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domingo, 4 de septiembre de 2011
La canción del domingo (III)
Es domingo, domingo de estudio. La única biblioteca que abre los domingos en Huesca se convierte en una auténtica sauna por estas fechas, así que he optado por quedarme a echar codos en casa. La luz de primera hora de la tarde se cuela por la cristalera de mi habitación y el manual de Derecho de la Protección Social reposa sus quinientas páginas sobre el escritorio. Un café solo empuja mi mente al vacío, obligándola a zambullirse en un océano de bases de cotización, tipos impositivos, contingencias y prestaciones.
Toda una colección de cifras, porcentajes y datos inútiles que de nada sirve memorizar cuando cada año cambian con la correspondiente Ley de Presupuestos Generales del Estado. Mi ánimo y mis ganas de estudiar languidecen delante de un libro sin jurisprudencia, sin posiciones doctrinales, sin opiniones de autor... Sólo datos; poco más que un copia-pega de cuatro leyes y reglamentos. Es desapasionante.
Acudo al índice del libro. ¿Nueve lecciones de protección frente a los riesgos laborales? ¿De verdad es necesario dedicar 180 páginas a un tema tan coñazo? Quizá no sea para tanto. A fin de cuentas, todo se reduce a la siguiente cuestión: “¿qué haría Homer Simpson que no haría yo durante un día en el curro?”
Antes de empezar a empollar a fondo, decido comenzar por mi habitual lectura “en diagonal”, para ir recordando conceptos y hacerme una idea de la magnitud de lo que me espera. Toda una serie de palabros e ideas vagamente familiares van desfilando por mi cabeza sin orden ni concierto.
Supuestos generales, excepciones, incompatibilidades, órganos gestores, Mutuas, empresarios, representantes sindicales, TRLISOS, LET, LPRL, TRLGSS...
Bostezo.
Baja por maternidad, riesgo durante el embarazo y riesgo durante la lactancia natural; jubilación anticipada; auxilio por defunción; Inspección de Trabajo y Seguridad Social...
Doble bostezo.
Régimen especial de trabajadores autónomos, incapacidad permanente, período de carencia, dinámica de la prestación, cuantía, protección por desempleo, 107 por 100 del IPREM incrementado en 1/6...
El café no es suficiente. La modorra de después de comer se apodera de cada músculo de mi cuerpo y me invita a relajar los párpados, apoyar la cabeza sobre el tema 10 y echar una buena cabezada.
Pero no, no puedo. Tengo sólo cuatro días y medio para introducir a empujones toda esta información estéril en la mollera. Es ahora cuando hay que aguantar; es ahora cuando se impone realizar un último esfuerzo. Tal vez con un poco de música...
Nada, casi que me voy a la biblio.
martes, 23 de agosto de 2011
El botarga
Si alguno de vosotros tiene a mano o a golpe de clic un diccionario de la RAE y puede permitirse perder unos segundos en buscar la palabra “botarga”, podrá comprobar que aparecen seis posibles acepciones, que reproduzco seguidamente:
1. f. especie de calzón ancho y largo que se usaba antiguamente.
2. Vestido ridículo de varios colores, que se usa en las mojigangas y en algunas representaciones teatrales.
3. El que lleva este vestido.
4. Armazón de ballenas o de alambre, revestida de tela, que usaban los actores debajo de los trajes para deformar la figura.
5. Especie de embuchado.
6. Ar. Dominguillo que se usaba en la fiesta de toros.
Pues bien, la primera vez que yo escuché la palabra botarga fue hará cuatro o cinco años, de boca de mi amigo José Miguel R. L., si bien con un significado muy distinto.
Creo conveniente empezar explicando que en mi cuadrilla de amigos somos diecimuchos, mitad chicos y mitad chicas, aproximadamente. Es el hecho de tener amigas muy guapas en el grupo (note el lector que si digo esto es porque las hay que me leen de vez en cuando) lo que hace que no sea infrecuente que algunos chavales a los que no conocemos de nada se nos planten justo al lado en el botellón, con la inequívoca intención de ligarse a alguna de ellas.
Fue poco antes de cumplir yo los diecisiete y en una situación calcada de la que describo en el párrafo anterior cuando José Miguel me dio un codazo cómplice y me dijo:
- Macho, Tablones, este tío que ha venido es un botarga de mucho cuidado.
- ¿Botarga? –me sorprendí.
En mi vida había oído aquella palabra y de ahí mi desconcierto inicial, pero inmediatamente supe a qué se refería y recuerdo que me eché a reír hasta acabar por los suelos. Desde aquel día, ”botarga” se convirtió para nosotros en la palabra que define al ligoncete cutre por antonomasia: el tradicional lanzacañas ibérico que se repasa con la mirada todas las minifaldas del bar nada más entrar por la puerta.
Aunque a partir de entonces tuvimos ocasión de usar la palabra botarga algunas veces más, lo cierto es que el vocablo no llegó a cuajar hasta el punto de quedar incorporado a nuestra jerigonza juvenil y finalmente cayó en el desuso… Hasta este sábado.
En efecto, este sábado, y por motivos que no vienen a cuento, mi amigo y yo pusimos fin a un largo período de letargo y olvido del botarguismo. Fue tan oportuna y exitosa la resurrección de la palabra que decidí inmediatamente que debía escribir algo al respecto. Aunque en el fondo, si acepté el reto personal de escribir un post sobre los botargas fue porque pensé que no sería mala idea derramar algo de tinta digital al servicio de una doble finalidad.
Por un lado, este post tiene unos fines puramente culturales o incluso lúdicos porque seguro que más de un lector ha llegado a tener la ocasión de echarse unas risas a costa de un botarga; pero por otro lado, espero que esta entrada sirva para advertir a mis lectoras del peligro que un encontronazo con un botarga supone, así como para proporcionarles unos conocimientos básicos que les permitan reconocer a uno de estos especímenes a varias zancadas de distancia y ahorrarles así alguna que otra mala experiencia.
Así pues, ¿cómo identificar a un botarga?
Si atendemos únicamente a los rasgos faciales, el botarga puede ser perfectamente un tío cualquiera. Suele darse que de cara no es especialmente agraciado pero tampoco es ni mucho menos una monstruosidad que avergüence al género masculino.
Físicamente, el botarga suele ser de una complexión que yo califico de indefinida: junto a unos bíceps del mismo diámetro que mi muslo, construidos a base de mojar muchas galletas energéticas en batidos hiperproteicos y de muchas horas levantando pesas en el gimnasio mientras escucha maquineta a todo trapo con los auriculares, por debajo de sus apretadas camisetas suele asomar un buen tripón que evidencia las muchas horas de clase que se ha saltado a lo largo del año para hartarse a cerveza en la cafetería de la Politécnica.
El atuendo del botarga no deja de ser también un detalle a tener un cuenta. Aunque los botargas también salen de caza en invierno, yo me voy a limitar a describiros su uniforme de campaña de verano, por ser el más peculiar.
Entre los atavíos del botarga veraniego, se hace imprescindible una camisa de manga corta bien ceñida y de colores llamativos. Es preceptivo llevar desabrochados unos cuantos de los botones de arriba, de forma que las chatis puedan ver claramente cómo asoma la cadenita. De oro, por supuesto. Se admite rematar la “joya” con un colgante del símbolo del dólar, el ying y el yang o, simplemente, la sucesión de letras que compone el mote o apelativo por el que le conocen sus otros amigos botargas.
Entre los botargas iniciados, es habitual la duda de cuántos botones de la camisa dejar desabrochados. A partir de mis observaciones, he podido establecer una regla matemática que enuncia que, si la camisa del botarga tiene “n” botones, lo protocolario es desabrochar n/2 para todo “n” par y (n/2 + ½) para todo “n” impar.
Si un botarga descubre que tiene una mancha en su camisa favorita justo antes de salir de fiesta, suele ponérsela del revés o bien tirar de fondo de armario y embutirse en una camiseta negra, ajustada hasta cortar la respiración, de “Gimnasio Alameda”, “Imperia Drink” o “NYPD” (New York Police Department). Es fundamental que marque bien los bíceps y que asomen tres dedos y medio de barriga por debajo, lo justo para que a nadie le pase desapercibido que los gayumbos los ha comprado en el mercadillo: “Anporio Hernani”, “Pier Curdín” o “Kelvin Claim” son algunas de las marcas por las que muestran predilección.
En el ropero de todo botarga que se precie, no pueden faltar unas bermudas de lino, estilo bohemio de playa, con las que poder sentir algo de fresquillo en la entrepierna por mucho calor que haga dentro del garito.
El calzado elegido por el botarga para salir de fiesta suelen ser unas chancletas de flip-flop, de ésas de pasar sólo el dedo, con las que poder clavarse fragmentos de vasos rotos y llenarse los pies de porquería y orín con cada paso que dan sobre el suelo de su tugurio habitual.
Por si la cadenita de oro no fuera bastante, el botarga acostumbra a reafirmar su gusto por la bisutería vulgar por medio de uno o varios piercings que lleva repartidos por distintos puntos del cuerpo.
Si nos centramos en el perfil psicológico, lo que de verdad caracteriza al botarga es que está más salido que el pico de una plancha y que, lejos de sentirse avergonzado por ello, no se esfuerza en ocultar sus deseos de tirarse a todo lo que se mueva y lleve bragas.
El botarga de botellón (Botargius boteliae), al que me refería supra cuando os contaba la forma en que se acuñó el término, suele ser más moderado en su modus ligandi debido a la presencia de otros miembros del género masculino que pueden zurrarle la badana si se excede en sus comentarios.
En cambio, el botarga de bar (Botargius baris) suele encontrar en la oscuridad, la música alta y la confusión el medio idóneo para entrar a las tías a saco y dar rienda suelta a sus más perversos instintos. En caso de haber hombres o más mujeres de por medio, el botarga empleará a uno o más botargas cómplices para efectuar una maniobra de distracción y acercarse sigilosamente a su presa: “divide y vencerás” es su consigna. El Botargius baris es una subespecie fácilmente reconocible por sus piropos ordinarios, lisonjas de mal gusto y todo tipo de groserías, en las el botarga no tacañeará con tal de llevar a buen puerto su anhelado propósito: llevarse a la chati al huerto.
En aras, como decía, de fines preventivos y de ayuda a la mujer, he creído oportuno referiros algunas de estas lindeces extractadas de conversaciones verídicas.
Como ante todo soy un tipo muy profesional, me he documentado seria y concienzudamente antes de escribir este post. Para ello, además de entrevistarme en privado con algunos botargas reconocidos, he encuestado a varias amigas acerca de sus experiencias personales con los distintos botargas a los que se han ido cruzando a lo largo de su vida nocturna. A todas ellas les he hecho la misma pregunta:
¿Cuál ha sido la forma más lamentable en la que te ha entrado nunca un tío?
He seleccionado para vosotros las respuestas que más gracia me han hecho. Algunas de ellas parecen verdaderos casos de laboratorio, por lo estúpido e inverosímil de la botargada. Reíos a gusto.
CASO 1
- Si tú eres guapa y yo soy guapo, ¿por qué no nos liamos?
CASO 2
- Vamos al baño, que no te hago daño.
CASO 3
- ¿Y qué tal?
- ¿Te conozco?
- De tus sueños, guapa.
CASO 4
- Una damisela como tú no debería beber cerveza. Ven, que te invito a un cubata.
CASO 5
- ¿Conoces a…?
Dicho lo cual, el botarga peón empuja al botarga rey -que se hace el loco y el desprevenido- contra su víctima para forzar una conversación incómoda y no deseada por la chica.
CASO 6
- Se te ha caído.
- ¿El qué?
- ¡El papel que te envuelve, bombón!
CASO 7
El botarga se acerca a su potencial víctima, la mira a los ojos y se bebe la copa de trago. Conseguida la atención de la dama, coge uno de los torrocos de hielo del vaso e intenta resquebrajarlo con las llaves de casa o cualquier otro instrumento mínimamente lacerante que lleve por el bolsillo. Como evidentemente la acción no da resultado, el botarga empieza a golpear el hielo con insistencia contra la barra hasta que la mujer, mosqueada, le suelta el inevitable:
- ¿Pero se puede saber qué cojones haces? ¡Me estás salpicando, imbécil!
A lo cual el botarga, haciéndose el dolido, responde:
- Perdona, sólo intentaba romper el hielo.
CASO 8
El botarga se sitúa frente a la mujer deseada y, sin mediar palabra, coge un buen montón de fichas de póquer -que ha sacado nadie sabe de dónde- y se dispone a lanzárselas a la señorita, apuntando al canalillo.
- ¿Pero tú eres subnormal o qué te pasa, chaval? –le grita la chica, posiblemente bofetón mediante.
- No lo sé, pero a ti se te nota que no estás acostumbrada a que te metan fichas.
CASO 9
- ¡Moceta! ¿Arrejuntamos meaderos?
CASO 10
- ¡Eres más guapa que un remolque recién pintau!
CASO 11
- ¿Trabajas en Seur?
- No, ¿por qué?
- Es que he notado que me mirabas el paquete.
CASO 12
- Bonitas piernas, ¿a qué hora abren?
CASO 13
- Oye, mira, estoy muy borracho. ¿Te vienes a mi piso y lo hacemos?
* Agradecimientos:
A Julia M. E., Lucía S. E. y Marta L. S., por acceder de buen grado a participar en la encuesta y alegrar mis mañanas de estudio en la biblioteca con esos almuerzos interminables.
A Inés C. C., por atesorar el mayor índice de botargadas per capita que se conoce, y por padecer los casos 1 y 2.
A Clara G. T., Lydia L. B., Marta B. L., Paula A. V., Sara B. A., Sheila R. L., Ignacio N. D. y Míchel T. V., por ser también parte de la encuesta y prestarse a relatarme cuantas botargadas conocían.
Y, en especial, a José Miguel R. L., por hacer posible este post.
¡Gracias a todos vosotros!
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