Destroyer es lo que sucede cuando uno siente ahogarse y no
encuentra nada seguro a lo que agarrarse más allá de una botella de ginebra. Es
beber, beber con furia como si no hubiera mañana, hasta alcanzar la propia
destrucción y la de todas las cosas y personas que uno ama. Pero también es bucear a través de esa marea de alcohol
que todo lo engulle, buscando una corriente que conduzca a la orilla.
Destroyer es perder el dinero, los estribos, el sentido del
ridículo y cualquier viso de sobriedad. Es seguir un rastro de tinto de garrafa
y orines y no encontrar el camino de vuelta a casa. Pero también es caminar erguido, desafiando la
verticalidad de las farolas, contando baldosas en línea recta para evitar
serpentear por las aceras.
Destroyer es mirada perdida. Es elevar la vista al cielo y ver
desdoblarse en dos cada una de las estrellas. Pero también es guiñar un ojo y pestañear con insistencia hasta hacerlas converger
de nuevo en una sola.
Destroyer es sufrir un borrado parcial de memoria. Es trocear la
madrugada y dejar caer sus pedazos a un pozo de negrura y vacío. Pero también es buscar los recuerdos huídos a la mañana
siguiente y recuperarlos uno a uno, hasta recomponer el puzzle de una noche
para el olvido.
Destroyer es despertar sobre una cama sin deshacer, con la ropa a
medio quitar y un estúpido collar de flores hawaianas de plástico colgado del
cuello. Es el olor a sudor animal y vapores etílicos que ha ido adueñándose del
dormitorio a lo largo de un sueño diurno e inquieto. Pero también es una mirada desafiante al espejo, el frío
lacerante del agua bajo la alcachofa de la ducha, el tacto suave de una
camiseta de algodón limpia y el olor reconfortante del café recién hecho.
Destroyer es tropezar, caer y herirse. Pero también es flexionar los brazos contra el suelo,
tomar impulso e incorporarse. Lentamente y con dificultad, hasta ponerse en
pie. Sin ayuda de nadie.
Destroyer es el ave fénix consumiéndose en su propio fuego, Londres
reducida a escombros durante el ‘Blitz’, un joven tilo aplastado por la lluvia
torrencial y el granizo. Pero también es
la primera grieta en el cascarón de un huevo que eclosiona entre las cenizas,
la primera piedra de un edificio cuya silueta tiene un lugar reservado en el
horizonte, el primer brote tímido de lo que algún día será un árbol frondoso y
firmemente arraigado.
Destroyer es destrucción.
Pero también es recobrar la ilusión de
construir algo desde cero.
¡Qué tajada!, es la moraleja.
ResponderEliminarFantásicamente descrita la borrachera, y eso que es algo muy poco poético.