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martes, 4 de diciembre de 2012

"Poemagramas"


-          ¡Bolinche desleal tosco!
(al botones dócil) ¡Leches!
-          Hostal doble “Lince Seco”.
Sencillo techo, sabedlo;
dosel, colcha, bisón, tele…
-          ¿Este snob? Celdilla ocho.

***

Costilla de lechón (sebo),
el denso bistec, alcohol
(botellín, los de cosecha);
centollo, oblea… ¡Chis! Sed.

***

La Chelo: “sensible, docto,
bolsista de coche lleno
de billetes, con las ocho.
¡Dichoso contable Esell!”

***

El chico de los tablones.

***

Vos, postor bardo;
bravo, post sordo...
¡Probad vosotros!

jueves, 29 de noviembre de 2012

Haikus


Lo poco que sé sobre poesía se lo debo principalmente a dos personas: una es mi abuela y la otra es Don Ramón, el profesor de Lengua y Literatura que tuve en la ESO. Este último, para estimular la participación en sus clases, solía repartir fotocopias con útiles resúmenes de cada lección entre aquellos alumnos que respondían con acierto a alguna de sus preguntas. Se trataba de unas cuartillas color amarillo limón o crema que clase tras clase fui acumulando en un clasificador, y a las que todavía hoy acudo cada vez que tengo una duda sobre sintaxis, gramática o autores de la Generación del 27.

Con la poesía no hubo excepción:

- A ver, chinchirrindines –Don Ramón era de largo el profesor más respetado del colegio, así que solía permitirse el lujo de referirse a nosotros por cualquier apelativo abochornante-, ¿quién sabría ponerme un ejemplo de pareado?

- Un gran tipo Don Ramón; que nos lleva de excursión –recité tras contar sílabas con los dedos, sin mucha convicción.

- Inmejorable, Tablones, puedes levantarte y recoger tu hoja color pis –así era como él llamaba jocosamente a las de color amarillo limón.

Aquella hoja color pis hablaba de coplas, seguidillas, serventesios, liras, sextillas, octavas reales y, en definitiva, de los distintos tipos de estrofas en función de su rima y métrica. Vale, diréis, ¿y a mí qué, Tablones? Pues que me ha entristecido comprobar recientemente que en esa hoja no aparece el haiku.

Yo no supe de la existencia de estos poemillas japoneses hasta que comencé a leer la revista Voluntas, una publicación universitaria independiente en la que escribe una amiga mía; y aunque siempre he mostrado predilección por aquellas composiciones poéticas en las que priman la simetría y las rimas en consonante, no tardé en comprender que expresar una idea inteligente en un 5-7-5 tiene cierto mérito con o sin rima.

Desde siempre he sentido gran admiración por la cultura nipona, y no me refiero al sushi, las grullas de papel o la deflación perpetua; sino a esa “zenialidad” de aislar lo esencial de lo superfluo y lo funcional de lo ornamental, a esa fascinante manía de reducirlo todo al absurdo, de no fabricar más unidades de las que previsiblemente van a comprarse, ni pronunciar más palabras de las estrictamente necesarias para que un mensaje pueda ser entendido. En los haikus, esa especie de Just-In-Time de la poesía, hay un poco de todo eso.


Si bien en sus orígenes (siglo VIII) los haikus solían versar sobre lo hipnótico y revelador que resulta contemplar la naturaleza, hoy en día es común leer haikus sobre cualquier tema, a veces fruto de mentes que zozobran en clase de Derecho de sucesiones:

***

Cierzo impetuoso;
retumban las persianas
de madrugada.

***

Gillette me ofrece,
a cambio de mis datos,
una cuchilla.

***

sabe un huevo de pájaros.
¡Quién lo diría!

***

Corbata azul,
copazos son tus máculas.
Blue gin, no lágrimas.

***

Yo iba de traje
y tú muy bien pintada:
Aliud pro alio.

***

Glasgow y Roma;
luz de estrellas fugadas
que hasta aquí llega.

***

Fuera, en un banco,
alguien soporta el frío
mientras la espera.

***

¡Animaos también vosotros!

sábado, 23 de julio de 2011

Perdiendo el final

Parte hoy al alba, fugitiva,
aléjate del amanecer;
rescata este alma cautiva
antes de escapar otra vez.

Llévame al lugar en el que -dices-
ideaste el plan para perder
de vista las robustas raíces,
insaciables, que te impiden
acercarte sin caer.

Lamenta haber creado este “yo”
abúlico y falto de inspiración.

Cuando busques mi mirada,
hazme llorar de verdad;
imagina que estas lágrimas
caen del cielo a tu ventana:
agua y hielo en el cristal.


Devuélveme mi forma de ver
este mundo que por ti respira y
los segundos que no han de volver.

Atrévete ahora y di que
una vez mis palabras limpias
te quisieron sonar vacuas,
o ponme a merced del fuego:
brasas, ascuas y cenizas;
un corazón hecho trizas
se consume en este verso.