| Yo, el día de la cena de fin de Bachillerato. |
Yo iba para ingeniero industrial (desde los doce años estaba empeñado en seguir los pasos de mi tío, probablemente la persona a la que más admiro en lo que a vida profesional se refiere), pero después de los palos que me llevaba en las matemáticas del Bachillerato de Ciencias acabé curado de espanto y pensé que, después de todo, quizá lo mío fueran las letras y no los números. Total, que acabé por desechar mi sueño infantil de diseñar mi propio parque eólico y empecé a preguntarme seriamente cuáles eran las asignaturas o materias que de verdad se me daban bien.
Lengua, Historia, Filosofía, Idiomas… Eran áreas para las que yo siempre había tenido facilidad, pero no bastaba con eso. Si algo tenía claro era que aquello a lo que fuera a dedicarme durante treinta y muchos años de cotización a la Seguridad Social también tenía que gustarme, además de, claro está, tener salidas en el mercado laboral.
La respuesta a mi búsqueda no tardó en llegar: la Economía. En mi decisión influyó mucho el hecho de que la profesora que impartía Economía en el centro donde estudié el Bachillerato fuera una señora encantadora que, además de promover nuestro interés por la materia, a los del grupo de optativa de ciencias, por ser cuatro gatos, nos trataba casi como a sus hijos. Hasta nos dejaba organizar un pequeño ágape el último día de cada trimestre. El caso es que yo iba a las clases de Economía poco menos que dando saltos de contento y ávido de nuevos conocimientos, así que ya a finales de Primero de Bachillerato empecé a plantearme que tal vez ADE fuera lo mío.
Fue más adelante, hablando con una prima mía, cuando me enteré de que existía desde hacía no mucho un programa conjunto que permitía obtener las licenciaturas en Derecho y en ADE en sólo seis años. Cuando les comenté la idea a mis padres, no dudaron en animarme a que me metiera en este berenjenal argumentando que “si Derecho a secas ya son cinco años, por un añito de esfuerzo adicional puedes sacar las dos cosas”.
Así que cuando llegó el momento de echar solicitud para la Universidad de Zaragoza, presenté el siguiente orden de preferencias:
1. Programa conjunto en Derecho y ADE.
2. ADE.
3. Derecho.
La nota media de corte se situó finalmente en torno al 7’6, de modo que pude obtener plaza para mi primera opción.
Casi sin enterarme, el verano más largo y feliz de mi vida tocó a su fin, dando paso a los rigores de septiembre. De repente me vi en una ciudad nueva y desconocida, ante unos compañeros de clase nuevos y desarrollando ese instinto de supervivencia tan necesario en un piso de estudiantes. Empezaron las clases y con ellas llegaron un montón de conceptos técnicos desconocidos para mí: llegó el álgebra líneal, acompañando a las ecuaciones diferenciales; llegaron el debe y el haber; se presentaron Kelsen y Ihering, las fuentes del Derecho y la Constitución, con sus partes dogmática y orgánica; también vinieron Adam Smith, la oferta y la demanda, el sistema de mercado y el de planificación central…
Pillándome un poco por sorpresa, llegaron los exámenes. Llegó el primer aprobado (en Romano) y también el primer suspenso (en Matemáticas, cómo no).
Todo llegaba. Conforme pasaba el tiempo, los distintos acontecimientos de la vida estudiantil se sucedían y, poco a poco, yo iba tomando conciencia de que, por primera vez en mi vida académica, estaba rodeado de una nutrida mayoría de personas inteligentes e inusitadamente competentes. La cosa no era tan fácil como prometía y encima la gente de mi entorno, acostumbrada a nombres cortos y contundentes como “Medicina”, “Arquitectura”, “Magisterio” o “Aeronáutica”, no tenía ni pajolera de qué era lo que yo estaba estudiando. Es más, ni siquiera yo mismo lo tenía muy claro.
Me vienen a la cabeza las inevitables conversaciones de ascensor con la vecina de abajo que todavía hoy tienen lugar, en mis idas y venidas de Huesca a la capital aragonesa con la maleta a cuestas.
- ¿Y qué vienes, pues, de Zaragoza?
- Sí, que como en casa a uno no le cuidan en ningún sitio -confirmo entre risas.
- ¿Y qué tal van los estudios?
- Pues ahí andamos… Ya no queda mucho para los exámenes.
- Porque… ¿Tú estudiabas Derecho, puede ser?
- Bueno, en realidad estudio DADE –preciso, henchido de orgullo.
- ¿DADE? ¿Y eso qué es? ¿Un módulo de ésos que hay ahora?
- No, es Derecho y ADE –replico mientras veo cómo mi autoestima se desinfla como un neumático reventado.
- O sea, Derecho, ¿no? Eso me parecía a mí.
- Bueno, sí, y también ADE.
- ¡Anda! ¡Míralo el zagal qué aplicado! Que además de Derecho hace un módulo –insiste la señora, seguramente con toda su buena intención.
- No, vamos a ver, yo no hago ningún módulo –me apresuro a aclarar haciendo acopio de mi infinita paciencia-. Estoy cursando dos licenciaturas.
- ¿Derecho y…?
- Derecho y ADE.
- ¿Y entonces eso de ADE qué es?
Como en Huesca yo vivo en el último piso del bloque, normalmente a estas alturas de la conversación se abren las puertas del ascensor, mi vecina se apea del mismo y cada uno sigue su camino, yo rumiando sobre lo infravalorados que están mis estudios y ella en la convicción de que el hijo mayor de los del cuarto compagina Derecho con un grado superior en chapa y soldadura.
En lo que dura un pestañeo, terminó Primero de carrera. Este primer escalón me sirvió para descubrir que me había metido en un fregado de mucho cuidado y que aprobar todo en junio estaba únicamente al alcance de unos pocos afortunados. En ese aspecto, Segundo fue peor si cabe, con las incomprensibles Estadísticas, el árido Derecho de Obligaciones y Contratos, el Penal y las puñeteras Micros.
Pero Segundo pasó y, para cuando me quise dar cuenta, ya había empezado Tercero, que venía de la mano con las enrevesadas Macros, la minuciosa Contabilidad Financiera, el soporífero Administrativo, más Civil y Penal, la esotérica OGI…
Por suerte, hoy puedo decir que tercero ya es cosa del pasado. He aprobado las dos asignaturas que suspendí en junio y puedo estar satisfecho de que voy a empezar Cuarto con el contador a cero y sin presión. Pienso disfrutar de estos tres años que me quedan por delante todo lo que no lo he hecho durante los otros tres que dejo atrás. Además, he aprobado la prueba teórica del examen de conducir y por fin me he decidido a comprar el primer volumen del temario de la oposición, no sin antes prometerme a mí mismo que voy a dedicarle un pequeño rato todos los días.
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| El Tablones actual, tomando un copazo. |
Fiel a mi combinado estrella, le pregunté al barman por las ginebras que tenían.
- Tenemos Beefeater, Larios, Gordon's, Tanqueray, Bombay, Bombay Shappire…
- Hoy tengo algo que celebrar, quiero algo especial –atajé.
- En ese caso tenemos Hendrick's, Citadelle, Bulldog…
- Que sea Citadelle con tónica india, por favor.
Balón reglamentario, jugo de cítricos natural y frutos de enebro. Diez euros de mi alma me costó la gracia, pero mereció la pena porque el sabor de ese gin tonic me recordó un poco al de aquel tercio de Pilsner Urquell que tomamos una noche de febrero en el bar de enfrente del hotel, nada más aterrizar en Praga en nuestro periplo post exámenes. Sabía a triunfo y a recompensa. Sabía a libertad.

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ResponderEliminar¡Enhorabuena y mucha suerte lo que le queda! Es una carrera muy difícil y luego podrá trabajar en muchas cosas. Me suena haberle leído que quería opositar, una opción poco frecuente entre los licenciados de DADE.
ResponderEliminarEspero que desde que se hizo la foto de la cena de bachillerato haya mejorado su capacidad para combinar camisas y corbatas... :-)
Gracias, sr. Neri. Efectivamente, la opción de opositar es un tanto inusual entre los míos (con más razón en estos malos tiempos): de mis amigos de clase, la mayoría tienen intención de tirar por los derroteros de la empresa privada.
ResponderEliminarSin embargo, yo soy de la opinión de que una preparación más completa y una mayor capacidad de estudio y sacrificio nos colocan en una posición favorable de cara a superar con éxito una oposición.
Ja, ja, ja, le aseguro que mi capacidad para combinar no ha mejorado lo más mínimo. ¡Que para algo existen las madres, caray!
Antonio,
ResponderEliminarque bien que estés limpio para el nuevo curso, yo desde que empecé la carrera he ido arrastrando asignaturas... nunca más volveré a tener un verano como el de 2º de bachiller...
Veo que elegiste tu carrera muy concienzudamente, yo la elegí por falta de vocación en cualquier otra, de hecho di economía por primera vez en la carrera, pero como tenía trabajo seguro me pareció lo más sensato.
Madre mía como os cambia la cara a los muchachos de los 18 a los 21 años, en la foto de arriba no tenías ni barba no?? jajajaja
¡¡Mucho ánimo para el nuevo curso!!
Enhorabuena campeón!!! y además guapo!!! jejeje ;)
ResponderEliminarÁnimo... y a por todas!!!
Un abrazo
Nago
Aprendiz,
ResponderEliminarYo en tu lugar también habría hecho lo mismo. Creo que tener trabajo asegurado en estos tiempos que corren es ser una persona afortunada. Así que ahora procura aprender todo lo que puedas para llegar a ser muy buena en lo que haces.
Jajajaja, la barba fue cosa de la Universidad, yo creo. Salió en Primero de la noche a la mañana, casi sin exagerar: un día me acosté imberbe y a la mañana siguiente desperté con barba cerrada.
Por cierto, ¿sabes ya tu nota? ¿Puedo llamarte "licenciada Aprendiz"? :-)
Nagore,
¡Muchas gracias! Y lo de "guapo" es pasarse, que simplemente he puesto un par de fotos en las que salgo medianamente favorecido. Ya que es mi blog y puedo elegir... Jejeje.
También he procurado seleccionar fotos en las que no saliera con polos ni camisetas, para que el sr. Neri no me llamase infame salchichero o algo peor ;-)
Mejor con camiseta pro presos vascos que con esa combinación de camisa y corbata, oiga.
ResponderEliminarCamarada, ha sido también un placer compartir estos tres años de aventuras luchando espalda con espalda, esquivando mandobles y dándolos también.
ResponderEliminarTe deseo lo mejor en lo académico y en lo profesional, no sólo por los normales y esperables buenos deseos hacia un amigo sino porque sé que con aquello a lo que te dediques España, nuestra sociedad y especialmente los que te rodeen saldrán ganando -amén de los sastres a los que acudas para renovar el vestuario de señor elegante-.
Un abrazo.
Qué va hijo, el tío este es un informal y aun no pone la nota... para cuando la diga ya se habrá pasado toda la emoción... jajajajaja
ResponderEliminarAl Neri,
ResponderEliminarCuando tenga que agenciarme un traje como Dios manda para la fiesta de fin de carrera, ya acudiré a usted en busca de asesoramiento ;-)
Alatriste,
El placer ha sido mío. Pero ya habrá tiempo para desearnos suerte. Por lo pronto, el martes nos vemos en Administrativo II levantando un año más el pabellón del DADE.
Aprendiz,
Yo estaba convencidísimo de que el récord de tardancia en corregir lo tenía algún profesor de la UNIZAR, pero parece ser que los tuyos son peores, jajaja.
Hazme saber tu aprobado, cuando lo sepas.
Suerte en Administrativo II (por cierto, soy administrativista ;-) )
ResponderEliminarHe estado ojeando el temario por ver qué vamos a aprender este curso en Administrativo II y parece bastante entretenido. El Administrativo I me lo tomé muy en serio por ser la parte general, ineludible en toda oposición, y en junio me fue muy bien. Esperemos que este enero-febrero con la parte especial haya idéntica suerte.
ResponderEliminarMe alegro de poder decir que conozco a un administrativista porque el Admvo. es, quizás junto con el Civil, la rama del Derecho que más me motiva estudiar.
Sólo espero que no se moleste si en adelante se encuentra la bandeja de entrada del correo de La Pluma saturada de e-mails míos con dudas... Es broma ;-)