martes, 23 de agosto de 2011

El botarga


Si alguno de vosotros tiene a mano o a golpe de clic un diccionario de la RAE y puede permitirse perder unos segundos en buscar la palabra “botarga”, podrá comprobar que aparecen seis posibles acepciones, que reproduzco seguidamente:

1. f. especie de calzón ancho y largo que se usaba antiguamente.
2. Vestido ridículo de varios colores, que se usa en las mojigangas y en algunas representaciones teatrales.
3. El que lleva este vestido.
4. Armazón de ballenas o de alambre, revestida de tela, que usaban los actores debajo de los trajes para deformar la figura.
5. Especie de embuchado.
6. Ar. Dominguillo que se usaba en la fiesta de toros.

Pues bien, la primera vez que yo escuché la palabra botarga fue hará cuatro o cinco años, de boca de mi amigo José Miguel R. L., si bien con un significado muy distinto.

Creo conveniente empezar explicando que en mi cuadrilla de amigos somos diecimuchos, mitad chicos y mitad chicas, aproximadamente. Es el hecho de tener amigas muy guapas en el grupo (note el lector que si digo esto es porque las hay que me leen de vez en cuando) lo que hace que no sea infrecuente que algunos chavales a los que no conocemos de nada se nos planten justo al lado en el botellón, con la inequívoca intención de ligarse a alguna de ellas.

Fue poco antes de cumplir yo los diecisiete y en una situación calcada de la que describo en el párrafo anterior cuando José Miguel me dio un codazo cómplice y me dijo:

- Macho, Tablones, este tío que ha venido es un botarga de mucho cuidado.

- ¿Botarga? –me sorprendí.

En mi vida había oído aquella palabra y de ahí mi desconcierto inicial, pero inmediatamente supe a qué se refería y recuerdo que me eché a reír hasta acabar por los suelos. Desde aquel día, ”botarga” se convirtió para nosotros en la palabra que define al ligoncete cutre por antonomasia: el tradicional lanzacañas ibérico que se repasa con la mirada todas las minifaldas del bar nada más entrar por la puerta.

Aunque a partir de entonces tuvimos ocasión de usar la palabra botarga algunas veces más, lo cierto es que el vocablo no llegó a cuajar hasta el punto de quedar incorporado a nuestra jerigonza juvenil y finalmente cayó en el desuso… Hasta este sábado.

En efecto, este sábado, y por motivos que no vienen a cuento, mi amigo y yo pusimos fin a un largo período de letargo y olvido del botarguismo. Fue tan oportuna y exitosa la resurrección de la palabra que decidí inmediatamente que debía escribir algo al respecto. Aunque en el fondo, si acepté el reto personal de escribir un post sobre los botargas fue porque pensé que no sería mala idea derramar algo de tinta digital al servicio de una doble finalidad.

Por un lado, este post tiene unos fines puramente culturales o incluso lúdicos porque seguro que más de un lector ha llegado a tener la ocasión de echarse unas risas a costa de un botarga; pero por otro lado, espero que esta entrada sirva para advertir a mis lectoras del peligro que un encontronazo con un botarga supone, así como para proporcionarles unos conocimientos básicos que les permitan reconocer a uno de estos especímenes a varias zancadas de distancia y ahorrarles así alguna que otra mala experiencia.

Así pues, ¿cómo identificar a un botarga?

Si atendemos únicamente a los rasgos faciales, el botarga puede ser perfectamente un tío cualquiera. Suele darse que de cara no es especialmente agraciado pero tampoco es ni mucho menos una monstruosidad que avergüence al género masculino.

Físicamente, el botarga suele ser de una complexión que yo califico de indefinida: junto a unos bíceps del mismo diámetro que mi muslo, construidos a base de mojar muchas galletas energéticas en batidos hiperproteicos y de muchas horas levantando pesas en el gimnasio mientras escucha maquineta a todo trapo con los auriculares, por debajo de sus apretadas camisetas suele asomar un buen tripón que evidencia las muchas horas de clase que se ha saltado a lo largo del año para hartarse a cerveza en la cafetería de la Politécnica.

El atuendo del botarga no deja de ser también un detalle a tener un cuenta. Aunque los botargas también salen de caza en invierno, yo me voy a limitar a describiros su uniforme de campaña de verano, por ser el más peculiar.

Entre los atavíos del botarga veraniego, se hace imprescindible una camisa de manga corta bien ceñida y de colores llamativos. Es preceptivo llevar desabrochados unos cuantos de los botones de arriba, de forma que las chatis puedan ver claramente cómo asoma la cadenita. De oro, por supuesto. Se admite rematar la “joya” con un colgante del símbolo del dólar, el ying y el yang o, simplemente, la sucesión de letras que compone el mote o apelativo por el que le conocen sus otros amigos botargas.

Entre los botargas iniciados, es habitual la duda de cuántos botones de la camisa dejar desabrochados. A partir de mis observaciones, he podido establecer una regla matemática que enuncia que, si la camisa del botarga tiene “n” botones, lo protocolario es desabrochar n/2 para todo “n” par y (n/2 + ½) para todo “n” impar.

Si un botarga descubre que tiene una mancha en su camisa favorita justo antes de salir de fiesta, suele ponérsela del revés o bien tirar de fondo de armario y embutirse en una camiseta negra, ajustada hasta cortar la respiración, de “Gimnasio Alameda”, “Imperia Drink” o “NYPD” (New York Police Department). Es fundamental que marque bien los bíceps y que asomen tres dedos y medio de barriga por debajo, lo justo para que a nadie le pase desapercibido que los gayumbos los ha comprado en el mercadillo: “Anporio Hernani”, “Pier Curdín” o “Kelvin Claim” son algunas de las marcas por las que muestran predilección.

En el ropero de todo botarga que se precie, no pueden faltar unas bermudas de lino, estilo bohemio de playa, con las que poder sentir algo de fresquillo en la entrepierna por mucho calor que haga dentro del garito.

El calzado elegido por el botarga para salir de fiesta suelen ser unas chancletas de flip-flop, de ésas de pasar sólo el dedo, con las que poder clavarse fragmentos de vasos rotos y llenarse los pies de porquería y orín con cada paso que dan sobre el suelo de su tugurio habitual.

Por si la cadenita de oro no fuera bastante, el botarga acostumbra a reafirmar su mal gusto por medio de uno o varios piercings en el pezón, los genitales o cualquier otro rincón inaccesible de la anatomía humana.

Si nos centramos en el perfil psicológico, lo que de verdad caracteriza al botarga es que está más salido que el pico de una plancha y que, lejos de sentirse avergonzado por ello, no se esfuerza en ocultar sus deseos de tirarse a todo lo que se mueva y lleve bragas.

El botarga de botellón (Botargius boteliae), al que me refería supra cuando os contaba la forma en que se acuñó el término, suele ser más moderado en su modus ligandi debido a la presencia de otros miembros del género masculino que pueden zurrarle la badana si se excede en sus comentarios.

En cambio, el botarga de bar (Botargius baris) suele encontrar en la oscuridad, la música alta y la confusión el medio idóneo para entrar a las tías a saco y dar rienda suelta a sus más perversos instintos. En caso de haber hombres o más mujeres de por medio, el botarga empleará a uno o más botargas cómplices para efectuar una maniobra de distracción y acercarse sigilosamente a su presa: “divide y vencerás” es su consigna. El Botargius baris es una subespecie fácilmente reconocible por sus piropos ordinarios, lisonjas de mal gusto y todo tipo de groserías, en las el botarga no tacañeará con tal de llevar a buen puerto su anhelado propósito: llevarse a la chati al huerto.

En aras, como decía, de fines preventivos y de ayuda a la mujer, he creído oportuno referiros algunas de estas lindeces extractadas de conversaciones verídicas.

Como ante todo soy un tipo muy profesional, me he documentado seria y concienzudamente antes de escribir este post. Para ello, además de entrevistarme en privado con algunos botargas reconocidos, he encuestado a varias amigas acerca de sus experiencias personales con los distintos botargas a los que se han ido cruzando a lo largo de su vida nocturna. A todas ellas les he hecho la misma pregunta:

¿Cuál ha sido la forma más lamentable en la que te ha entrado nunca un tío?


He seleccionado para vosotros las respuestas que más gracia me han hecho. Algunas de ellas parecen verdaderos casos de laboratorio, por lo estúpido e inverosímil de la botargada. Reíos a gusto.

CASO 1

- Si tú eres guapa y yo soy guapo, ¿por qué no nos liamos?

CASO 2

- Vamos al baño, que no te hago daño.

CASO 3

- ¿Y qué tal?
- ¿Te conozco?
- De tus sueños, guapa.

CASO 4

- Una damisela como tú no debería beber cerveza. Ven, que te invito a un cubata.

CASO 5

- ¿Conoces a…?

Dicho lo cual, el botarga peón empuja al botarga rey -que se hace el loco y el desprevenido- contra su víctima para forzar una conversación incómoda y no deseada por la chica.

CASO 6

- Se te ha caído.
- ¿El qué?
- ¡El papel que te envuelve, bombón!

CASO 7

El botarga se acerca a su potencial víctima, la mira a los ojos y se bebe la copa de trago. Conseguida la atención de la dama, coge uno de los torrocos de hielo del vaso e intenta resquebrajarlo con las llaves de casa o cualquier otro instrumento mínimamente lacerante que lleve por el bolsillo. Como evidentemente la acción no da resultado, el botarga empieza a golpear el hielo con insistencia contra la barra hasta que la mujer, mosqueada, le suelta el inevitable:

- ¿Pero se puede saber qué cojones haces? ¡Me estás salpicando, imbécil!

A lo cual el botarga, haciéndose el dolido, responde:

- Perdona, sólo intentaba romper el hielo.

CASO 8

El botarga se sitúa frente a la mujer deseada y, sin mediar palabra, coge un buen montón de fichas de póquer -que ha sacado nadie sabe de dónde- y se dispone a lanzárselas a la señorita, apuntando al canalillo.

- ¿Pero tú eres subnormal o qué te pasa, chaval? –le grita la chica, posiblemente bofetón mediante.

- No lo sé, pero a ti se te nota que no estás acostumbrada a que te metan fichas.

CASO 9

- ¡Moceta! ¿Arrejuntamos meaderos?

CASO 10

- ¡Eres más guapa que un remolque recién pintau!

CASO 11

- ¿Trabajas en Seur?
- No, ¿por qué?
- Es que he notado que me mirabas el paquete.

CASO 12

- Bonitas piernas, ¿a qué hora abren?

CASO 13

- Oye, mira, estoy muy borracho. ¿Te vienes a mi piso y lo hacemos?


* Agradecimientos:

A Julia M. E., Lucía S. E. y Marta L. S., por acceder de buen grado a participar en la encuesta y alegrar mis mañanas de estudio en la biblioteca con esos almuerzos interminables.

A Inés C. C., por atesorar el mayor índice de botargadas per capita que se conoce, y por padecer los casos 1 y 2.

A Clara G. T., Lydia L. B., Marta B. L., Paula A. V., Sara B. A., Sheila R. L., Ignacio N. D. y Míchel T. V., por ser también parte de la encuesta y prestarse a relatarme cuantas botargadas conocían.

Y, en especial, a José Miguel R. L., por hacer posible este post.

¡Gracias a todos vosotros!

8 comentarios:

  1. Esta visto que algunos no tienen ni vergüenza ni amor propio... Por cierto, ¿alguno logra tener éxito?

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  2. Quiza algún día se escriba una acepción mas en el diccionario para la palabra en cuestión! jajaja
    Que grande eres!

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  3. Trija,

    Yo mismo en cierta ocasión me vi obligado a poner en práctica el CASO 7 porque perdí una apuesta... Y huelga decir que no, no funcionó. En mi favor diré que por lo menos la chica se lo tomó con humor, así que me sirvió de consuelo saber que no debí de parecerle muy botarga.

    Por desconcertante que parezca, el confidente que presenció la puesta en escena del CASO 13 (que para mi gusto es más burro que los doce anteriores juntos) me aseguró que el botarga que lo llevó a la práctica sí tuvo éxito. Me entran escalofríos y náuseas sólo de pensarlo.

    DeXDen,

    Poco a poco, amigos. El uso prolongado en el tiempo y la aceptación popular de una palabra son siempre una buena carta de presentación para los pazguatos de la RAE ;-)

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  4. Genial, Tablonero, me he reído muchísimo.

    Lo que olvida mencionar es la de chatis que pican y se lían con estos cadres; ni una ni dos.

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  5. Me alegra que le haya gustado el post, sr. Neri. Es el último que escribo hasta por lo menos el 12 de septiembre por razón de exámenes, así que quería despedirme por unos días con una entrada algo más entrañable que la anterior :-)

    Desde luego que las habrá que piquen. No en vano la naturaleza, en su darwiniana y ancestral sabiduría, ya engendró en su momento una especie con la que el botarga se pudiera cruzar y aparear: "la choni".

    Ya conoce el dicho, Dios los cría y ellos se juntan.

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  6. Muchísima suerte con los exámenes.

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  7. Yo siempre he creído que los piropos y esas burradas que algunos sueltan son solo para reírse, yo de hecho me río, algunos por simpáticos y otros por patéticos, pero nunca he pensado que sirvieran de verdad para ligar, como mucho sirve para entablar conversación.

    Muchísima suerte con los exámenes, yo estoy también estudiando ya!!!

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  8. Trija,

    Muchas gracias. Te cojo la suerte, que esta vez me da que la necesitaré ;-)

    Aprendiz,

    Por supuesto que ninguna de esas cafradas sirve para ligar. Yo me he limitado a copiar las que más graciosas me han parecido, que por otra parte han resultado ser también las más bestias.

    Seguramente son obra de algún graciosito con alguna copa de más que busca el aplauso fácil de sus amigotes; o simplemente la creación de un descerebrado que ya desde bien pequeño confundía galán con gañán. Por eso mismo haces bien en no conceder demasiada importancia a sus piropos o comentarios soeces.

    Yo también te deseo mucha suerte. Cruzo los dedos por que de aquí a unas semanas pueda leer en uno de mis blog favoritos que una tal Aprendiz ya es licenciada en ADE :-)

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