jueves, 29 de noviembre de 2012

Haikus


Lo poco que sé sobre poesía se lo debo principalmente a dos personas: una es mi abuela y la otra es Don Ramón, el profesor de Lengua y Literatura que tuve en la ESO. Este último, para estimular la participación en sus clases, solía repartir fotocopias con útiles resúmenes de cada lección entre aquellos alumnos que respondían con acierto a alguna de sus preguntas. Se trataba de unas cuartillas color amarillo limón o crema que clase tras clase fui acumulando en un clasificador, y a las que todavía hoy acudo cada vez que tengo una duda sobre sintaxis, gramática o autores de la Generación del 27.

Con la poesía no hubo excepción:

- A ver, chinchirrindines –Don Ramón era de largo el profesor más respetado del colegio, así que solía permitirse el lujo de referirse a nosotros por cualquier apelativo abochornante-, ¿quién sabría ponerme un ejemplo de pareado?

- Un gran tipo Don Ramón; que nos lleva de excursión –recité tras contar sílabas con los dedos, sin mucha convicción.

- Inmejorable, Tablones, puedes levantarte y recoger tu hoja color pis –así era como él llamaba jocosamente a las de color amarillo limón.

Aquella hoja color pis hablaba de coplas, seguidillas, serventesios, liras, sextillas, octavas reales y, en definitiva, de los distintos tipos de estrofas en función de su rima y métrica. Vale, diréis, ¿y a mí qué, Tablones? Pues que me ha entristecido comprobar recientemente que en esa hoja no aparece el haiku.

Yo no supe de la existencia de estos poemillas japoneses hasta que comencé a leer la revista Voluntas, una publicación universitaria independiente en la que escribe una amiga mía; y aunque siempre he mostrado predilección por aquellas composiciones poéticas en las que priman la simetría y las rimas en consonante, no tardé en comprender que expresar una idea inteligente en un 5-7-5 tiene cierto mérito con o sin rima.

Desde siempre he sentido gran admiración por la cultura nipona, y no me refiero al sushi, las grullas de papel o la deflación perpetua; sino a esa “zenialidad” de aislar lo esencial de lo superfluo y lo funcional de lo ornamental, a esa fascinante manía de reducirlo todo al absurdo, de no fabricar más unidades de las que previsiblemente van a comprarse, ni pronunciar más palabras de las estrictamente necesarias para que un mensaje pueda ser entendido. En los haikus, esa especie de Just-In-Time de la poesía, hay un poco de todo eso.


Si bien en sus orígenes (siglo VIII) los haikus solían versar sobre lo hipnótico y revelador que resulta contemplar la naturaleza, hoy en día es común leer haikus sobre cualquier tema, a veces fruto de mentes que zozobran en clase de Derecho de sucesiones:

***

Cierzo impetuoso;
retumban las persianas
de madrugada.

***

Gillette me ofrece,
a cambio de mis datos,
una cuchilla.

***

sabe un huevo de pájaros.
¡Quién lo diría!

***

Corbata azul,
copazos son tus máculas.
Blue gin, no lágrimas.

***

Yo iba de traje
y tú muy bien pintada:
Aliud pro alio.

***

Glasgow y Roma;
luz de estrellas fugadas
que hasta aquí llega.

***

Fuera, en un banco,
alguien soporta el frío
mientras la espera.

***

¡Animaos también vosotros!

10 comentarios:

  1. Barcos en tierra,
    pólvora de espadas,
    palabras suyas.

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  2. Me gustan mucho todos los que has puesto, sobre todo el de Gillete, sentimental como pocos.

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  3. "Derecho de sucesiones
    me toca los cojones"

    Fdo: Akio Morita (fundador de sony)

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  4. Me entero hoy de que existen
    los haikus esos;
    mi puta idea.

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  5. Pepito Grillo,
    verdades como puños
    sin más que añadir

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  6. Sed bienvenidos,
    Don Pablo y Don Pepito.
    ¡Arriba el DADE!

    Tiene seis sílabas
    vuestro segundo verso,
    amigo Capi.

    Una se añade
    cuando acaba en aguda
    (de Pablo, el último).

    Y una restamos
    si termina en esdrújula.
    ¡Benditas hojas!

    ¡Normal, Pepito!
    Yo estoy hasta el bad...
    del de Trabajo.

    Del Mercantil,
    hasta el miembro vir...
    ¡Cuánto suplicio!

    Maestro Neri,
    el de siete va en medio.
    Cosas de japos.

    Ríanse a gusto:
    la Fusion he estrenado
    y va fetén.

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  7. Ahora que lo dices, sí. Tanto tiempo ya desde que estudiaba poesía...

    Unamuno dijo que él no escribía novela, sino "nivola". Yo diré para salir del apuro que no escribo haikus, sino pakus.

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  8. Yo no sé quién es Pepito Grillo (aunque tengo sospechas fundadas XD) pero es un genio.

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  9. Nivola era niebla en unamuniano y no novela, Capitán... O eso recuerdo que decía la hoja color pis de la Generación del 98 ;-)

    Al igual que tú, tampoco conozco a ciencia cierta la identidad de Pepito Grillo, pero su firma como Akio Morita ayuda a despejar algunas incógnitas (Qunyong jamás elegiría un seudónimo así).

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  10. La anécdota de Unamuno creo que consistía en que hubo otros escritores de la época que le reprochaban que lo suyo no era novela, a lo que contestaba que ciertamente es posible que lo suyo no fuera novela, sino "nivola", una forma de decir que había inventado su propio género y que a ver quién podía reprocharle infidelidad a la "nivola" si era él quien la había escrito.

    Uno de los grandes de nuestras letras y pensamiento, el sr. Unamuno.

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