martes, 27 de noviembre de 2012

Acertijos en la lluvia (1ª parte)


Mira que insistí en que quedáramos a las nueve en punto para que le diera tiempo a pasar por su casa, dejar las maletas, darse una ducha, sacar el coche del garaje... ¡Pues no! Teníamos que quedar a menos cuarto para sacar las entradas con antelación... Ella se pasea inquieta, recorriendo en un sentido y en otro los diez metros de acera seca bajo el voladizo junto a la cartelera. Tanto ironizar sobre el tiempo que tardo en arreglarme y lo mucho que me cuesta elegir zapatos y mira ahora quién está llegando tarde.

Mientras da vueltas a la mejor forma de devolverle a su chico el rejonazo, sin duda merecido, Ella focaliza la mirada al final de la calle, esperando ver aparecer por la esquina un Ford Focus gris, esta vez gris de verdad. Es curioso, piensa, cómo a la luz de las farolas todos los coches son grises, todo parece estar teñido del mismo color pálido, como si formase parte del decorado de una película de misterio. Cada gota de lluvia es un aguijón que atraviesa la noche para ir a clavarse en el espejo negro de asfalto mojado. Únicamente el rojo, el verde y el ámbar de los semáforos infunden una chispa de color a una acuarela que por momentos se diluye en la boca de las alcantarillas.

Ella espera verlo bajarse de ese coche y caminar hacia Ella imperturbable, mientras su pelo se humedece y su cazadora vaquera va moteándose progresivamente hasta adquirir de nuevo un color uniforme, empapándose el borreguillo hasta quedar adherido a su cuerpo. Se muere por abandonar su refugio bajo el alero, por acudir corriendo a su encuentro, apartarle el flequillo mojado y comerle la boca en medio del diluvio porque, antes que en la Sala 2, Ella quisiera poder entrar en el grupo de Facebook “A mí también me han dado un beso bajo la lluvia”. Y habrá merecido la pena tirar por la borda en un segundo más de media hora planchándose el pelo si una vez dentro se sientan butaca con butaca, mano sobre mano, y Él le susurra tonterías al oído hasta hacerla romper a reír, a destiempo, sin importar los diálogos de la comedia barata que en la sesión se proyecta, hasta oír chistar malhumorado al tipo cascarrabias del asiento de detrás.

Hace tiempo que Ella dejó de creer en eso de que la lluvia nos moja a todos por igual. Desde su primer amor sabe que, cuando llueve de verdad, los que están tristes se dejan calar hasta los huesos por la depresión, el Prozac y el blues; y los enamorados se abandonan a la pasión incondicional, al aroma del café y el calor de las baladas; y esta noche Ella se ha abandonado de tal forma que ni siquiera piensa recriminarle a Él los 10 minutos de retraso que ya lleva. Seguro que estará al llegar, piensa mientras se dispone a conectarse al WhatsApp para ver cuánto le falta.

“¿Dónde te has metido? Habíamos quedado a menos cuarto, bonito”.

Él está conectado pero su respuesta no llega. Estará conduciendo y por eso no contesta, razona, pero con mi puntualidad me he ganado el derecho a meterle un poco de prisa: Esta noche hacemos un añito juntos, murmura mientras sus dedos se deslizan ágilmente sobre el teclado. No lo estropees llegando tarde, anda.
Venga, di algo. Tras dos o tres minutos deambulando por la pequeña porción de acera a cubierto, el móvil vibra por fin.

“Lo siento, casino, me he quedado fornido en el VALIÓ y ahora estoy en Hermon?”

Asombrosa colección de chorradas inconexas, se dice Ella al tiempo que teclea ligeramente nerviosa.

“¿Qué dices de un casino? ¿Y dónde diablos queda Hermón? ¿Te falta mucho?”

Ella intenta rastrearlo con el GPS del móvil pero Él se desconecta sin previo aviso. Este chico tiene la inteligencia justa para pasar el día, maldice en silencio odiándose a sí misma por la facilidad que tiene para idealizarlo constantemente.

Ella maldice ahora en voz alta, aullando “hijo de la gran puta” como si el viento pudiera llevar su mensaje hasta Él de algún modo. El GPS ha detectado su ubicación pese a todo. Está donde la zorra de su ex.

***
(Leer segunda parte)

3 comentarios:

  1. Dichosos los ojos Tablones, qué bien que vuelves a publicar, pero por Dios, resuelve la historia con un final feliz hombre.

    Por cierto, me copio la frase "este chico tiene la inteligencia justa para pasar el día" jeje

    Un saludo.

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  2. Unknown, ¡muchas gracias! Deduzco por tu perfil que eres Adri, ¿estoy en lo cierto? ;-)

    Aprendiz, no sé por cuánto tiempo va a ser mi retorno a la blogosfera, pero me gustaría convenceros (y convencerme) de que he vuelto para quedarme :-)

    la historia está inconclusa, de ahí el "Continuará". Publicaré la continuación dentro de poco, aunque confieso que el final (feliz o no, eso que lo decida cada uno) lleva dos días escrito, jejeje.

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